Pilar fundamental de cualquier emprendimiento o empresa consolidada, el branding, es decir la gestión de la marca, se ve a veces descuidado, al priorizar la comunicación y el desarrollo de producto. Sin embargo, es un pilar fundamental del desarrollo y crecimiento de la marca. Os propongo ponerlo en la lista de las buenas resoluciones del 2022, y os dejo aquí unas líneas sobre los beneficios de aplicar el Design Thinking al branding de vuestra empresa, producto, o servicio. 

El Design Thinking está de sobra reconocido como herramienta, e incluso mindset, para la innovación: centrarse en el usuario de una potencial solución y comprender su problema para ofrecerle un producto o servicio innovador que se adapte al máximo a su necesidad. 

Sin embargo, el producto no lo es todo: para que funcione en el mercado y su consumo despegue, se necesita vestirlo de una marca potente, bien estudiada y sobre todo que, al igual que el producto, refleje la comprensión del problema que resuelve y de la necesidad de su público objetivo. De la misma manera que el producto tiene que ofrecer valor al cliente potencial para que éste decida consumirlo, la marca debe revelar este valor.

A raíz de un buen branding: empatía, conexiones y comunidad.

El posicionamiento, el propósito y los valores de la marca son los tres componentes principales del branding: a través de ellos,  la empresa genera conexiones con su público objetivo y así construye una comunidad. Para generar estas conexiones, y no solamente interacciones, la clave es sin duda, una vez más, la empatía: conocer y comprender el consumidor target para identificar qué lugar ocupar en su mente, cuáles son sus creencias y convicciones, y qué valores le importan a la hora de consumir. 

Un buen ejercicio de empatía nos ayuda a conocer a fondo el usuario y a comprender perfectamente su problema, permitiéndonos así diseñar una marca alineada con sus convicciones y valores, y comunicar con él de forma asertiva, generando confianza en nuestra marca. 

Además, de la misma manera que una innovación debería ser iterativa, es decir, permitiendo su testeo con el usuario. Nuestro branding, este conjunto de posicionamiento, propósito y valores, debería también ser iterativo: ir y venir en función de las conexiones generadas (o no) con el usuario, y evolucionar para estar cada vez más cerca de él. 

Tradicionalmente, la marca basa su comunicación en su elemento diferenciador, su ventaja competitiva, hemos visto por ejemplo Apple, presentándose a sí misma como diferente con su slogan “Think different”. Pero en la era del internet, hemos observado que el consumidor está cada vez más en búsqueda de relaciones e interconexión: así, el elemento diferenciador de una marca es menos importante que su capacidad a unir las cosas y las personas, a construir una comunidad. La marca que grita más fuerte ya no es la que llama más la atención, sino la que ofrece algo genuinamente útil.

Mi comunidad: una bola de nieve

A través de nuestro branding, comunicamos a todos los actores del mercado. Por una parte a toda la cadena de valor de la empresa: expresando claramente nuestro posicionamiento, nuestro propósito y nuestros valores, atraemos a proveedores y potenciales partners alineados con nuestra marca, con quien, por lo tanto, podemos construir relaciones sostenibles.

Bien dinamizada y bien atendida, nuestra comunidad se convierte en una verdadera bola de nieve que capta, no solamente consumidores nuevos, sino también talentos: otro ingrediente muy importante al crecimiento de nuestra marca.

Un buen branding es una gran herramienta de atracción de talento alineado con nuestro propósito y con nuestros valores y deseoso de ver el proyecto crecer. Además, las conexiones se multiplican con la comunidad externa, pero también entre empleados que trabajan todos para un objetivo común, en un ambiente de trabajo agradable y seguro, fomentando su empoderamiento, la creatividad y la innovación. 

¿Has pensado en revisar tu branding, o en evaluar su impacto en tu usuario potencial? 

Si te apetece, hablemos: te puedo ayudar a aplicar el Design Thinking a tu branding actual y a detectar posibles cambios para conectar mejor con tu consumidor. 

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