Tu empresa probablemente no necesita más ideas. Necesita aprender a convertirlas en soluciones.

Después de casi 20 años trabajando con equipos, cada vez lo tengo más claro: generar buenas ideas importa, por supuesto. Pero el verdadero reto empieza cuando tenemos que convertirlas en soluciones que funcionen.

Y, sobre todo, cuando tenemos que preparar a las personas para enfrentarse a situaciones nuevas para las que todavía no existe una respuesta clara. Ahí entran en juego capacidades cada vez más importantes y transversales: saber analizar, cuestionar, conectar, decidir y actuar con criterio.

Porque en un entorno que cambia constantemente, quizá no podamos enseñar a nuestros equipos qué hacer ante cada nuevo reto. Pero sí podemos entrenarlos para saber cómo pensar cuando ese reto aparezca.

¿Por qué a los equipos les cuesta convertir ideas en soluciones?

Cuando hablamos de creatividad e innovación en las empresas, generar ideas es solo una parte del proceso. El verdadero reto suele estar en todo lo que ocurre después —y muchas veces también antes—.

Trabajamos con prisa y saltamos demasiado rápido a buscar soluciones sin haber entendido bien el problema. Nos apoyamos en lo que ya conocemos, descartamos ideas por miedo a equivocarnos o nos cuesta priorizar entre distintas alternativas. Y, cuando finalmente aparece una buena idea, no siempre tenemos un método para aterrizarla, probarla y convertirla en una solución viable.

Por eso, la resolución de problemas en los equipos requiere mucho más que creatividad. Requiere análisis, criterio, capacidad para tomar decisiones y, sobre todo, una forma de pensar que permita avanzar de la idea a la acción.

Resolver problemas es una habilidad. Y se puede entrenar.

Queremos equipos más innovadores, estratégicos, autónomos y capaces de adaptarse a contextos cada vez más cambiantes. Pero hay una pregunta que no siempre nos hacemos: ¿les hemos enseñado cómo hacerlo?

Pensar estratégicamente, cuestionar una primera respuesta, reformular un problema, generar alternativas, conectar ideas, priorizar o tomar mejores decisiones no son capacidades que aparecen automáticamente por juntar a personas con talento alrededor de una mesa. Son habilidades y, como cualquier habilidad, se pueden entrenar.

Por eso, la formación en resolución de problemas debería ir mucho más allá de aprender una metodología. El pensamiento estratégico, la creatividad aplicada, el pensamiento crítico, el Design Thinking o la toma de decisiones aportan herramientas diferentes para enfrentarse a situaciones en las que no existe una respuesta evidente.

Entrenar estas capacidades ayuda a desarrollar equipos con más criterio, autonomía y capacidad para responder ante nuevos retos, pero también a convertir ese pensamiento en mejores decisiones y soluciones que tengan impacto real en el negocio.

De la teoría al barro: trabajar con problemas reales

Si algo he aprendido trabajando todos estos años con organizaciones es que una metodología solo cobra sentido cuando tienes que utilizarla. Y aquí hay algo que inevitablemente traslado a mis formaciones para empresas: mi experiencia como consultora.

Cuando digo que me gusta estar en el barro es porque estoy en él. Una parte importante de mi trabajo consiste en acompañar a empresas y organizaciones a resolver retos estratégicos reales, diseñar procesos de innovación, facilitar equipos y ayudarles a avanzar cuando la respuesta no es evidente. Y todo ese aprendizaje entra conmigo en el aula.

Eso me permite trabajar con ejemplos y situaciones reales, explicar qué ocurre cuando una metodología se enfrenta a las dificultades del día a día y llevar herramientas como el Design Thinking, la creatividad aplicada o la resolución de problemas mucho más allá de la teoría.

Por eso, en mis formaciones los participantes no solo conocen herramientas: las ponen a prueba, cuestionan sus primeras respuestas y aprenden a utilizarlas sobre situaciones similares a las que después tendrán que afrontar en su realidad profesional.

Porque conocer los pasos de una metodología está bien. Pero aprender de alguien que también tiene que aplicarla cuando hay un reto real encima de la mesa aporta otra perspectiva.

Y ahora que la IA genera ideas en segundos, pensar bien importa todavía más

Hoy podemos pedirle a una herramienta de inteligencia artificial que genere veinte ideas en cuestión de segundos. Es una posibilidad extraordinaria, pero tener más ideas sobre la mesa no significa necesariamente llegar a mejores soluciones.

Seguimos necesitando personas capaces de hacer buenas preguntas, detectar qué información es relevante, cuestionar una respuesta, entender el contexto, conectar elementos, priorizar y tomar decisiones con criterio. Y precisamente ahí, capacidades como el pensamiento crítico, la creatividad o la resolución de problemas adquieren todavía más importancia.

La inteligencia artificial puede ampliar enormemente nuestras posibilidades, pero su impacto también dependerá de la calidad del pensamiento de las personas que la utilizan.

Por eso, quizá uno de los grandes retos para las empresas no sea conseguir equipos que produzcan cada vez más, sino desarrollar equipos capaces de pensar mejor ante problemas cada vez más complejos.

Y esa capacidad también se entrena.

Este mes profundizo precisamente en una parte de este tema en un nuevo episodio de mi podcast Dar en la Diana: “La diferencia entre tener ideas y crear soluciones reales”, donde hablo de por qué confundimos tan fácilmente creatividad con generación de ideas y qué necesitamos para pasar de una cosa a la otra.

¿Quieres entrenar estas capacidades en tu equipo?

Si estás buscando formación para empresas y equipos que vaya más allá de aprender una metodología, he desarrollado diferentes propuestas para entrenar capacidades como la creatividad aplicada, el pensamiento estratégico, la resolución de problemas, el Design Thinking o el pensamiento crítico.

Formaciones pensadas para que los equipos desarrollen más criterio, autonomía y capacidad para enfrentarse a retos reales y convertir lo aprendido en mejores decisiones y soluciones.

Todas parten de una misma premisa: menos teoría para acumular y más herramientas para aplicar.

Si estás diseñando el próximo plan de formación de tu empresa o buscas una propuesta adaptada a las necesidades de tu equipo, escríbeme y vemos cuáles pueden tener sentido para vuestro equipo.